
Del miedo al vínculo
A partir de las ideas de Denise Najmanovich
En tiempos digitales, cuidar no es vigilar. Es acompañar con atención, presencia y confianza. Reflexiones desde “Educar con sentido” y conversaciones recientes con Denise Najmanovich.
“Me dedico a cuidar el pensamiento.”
La frase no es menor. Marca una posición.
Denise Najmanovich no piensa la educación como transmisión, ni como control, ni como técnica. La piensa como un territorio vivo, donde el pensamiento circula, se transforma y se cuida en relación con otros. Y ahí aparece una palabra clave: vínculo.
Navegar es preciso (pero no alcanza)
Sus aportes atraviesan múltiples campos: epistemología, pensamiento complejo, educación, salud, convivencia, subjetividad.
Pero hay un hilo que los conecta: la idea de que no pensamos solos. Lo hacemos en red, en entramado. En relación. En un mundo que nos empuja a simplificar, Denise insiste en habitar la complejidad.
El problema: educamos desde el miedo
Nuestra cultura está atravesada por una lógica binaria: ataque o defensa, control o descontrol, éxito o fracaso. Pensamos en modo bélico. Y desde ahí, educamos.
Esa lógica nos enseñó a temer al otro, a desconfiar, a vigilar. Pero la vida real —la que pulsa, afecta, respira— no se construye en el combate. Se construye en lo común.
No somos individuos aislados
La idea de autonomía total es una ficción moderna, dice Denise. No hay vida sin otras personas. No hay aprendizaje sin vínculo. No hay subjetividad sin entramado. Pensarnos como seres independientes nos aleja de cómo realmente existimos.
Najmanovich propone otra mirada: entendernos como singularidades entrelazadas. Una ética de lo “entre”. Ahí, en ese espacio relacional, es donde sucede lo humano.
La escuela: entre el control y el cuidado
La escuela moderna no nació para cuidar. Fue diseñada para estandarizar.
Desde la imprenta hasta las aulas en fila, el modelo educativo se organizó para producir copias: contenidos replicables, respuestas correctas, trayectorias previsibles. Pero el aprendizaje real no funciona así. Aprendemos cuando algo nos toca. Cuando nos sentimos implicados. Cuando alguien nos mira, nos escucha, nos acompaña.
Sin vínculo, no hay aprendizaje profundo.
Tecnología: ni enemiga ni salvación
Las tecnologías no educan ni arruinan por sí solas. Son mediaciones. Pueden aislar o pueden tejer. Pueden controlar o pueden cuidar. No depende del dispositivo, sino del tipo de vínculo que habilitan.
En ese sentido, un teléfono celular puede ser vigilancia o puente. Puede ser encierro o apertura. Como diría la tradición griega: pharmakon. Veneno y remedio al mismo tiempo.
La pregunta no es qué hacen las tecnologías. Es qué hacemos nosotros con ellas.
De la vigilancia al cuidado
En el mundo digital, muchas veces confundimos cuidar con controlar: supervisar, restringir, limitar. Pero Najmanovich propone otra cosa: acompañar.
No hace falta saberlo todo. Hace falta estar. Generar condiciones para el encuentro, para la conversación, para la confianza. Cuidar no es encerrar. Es habilitar vínculos.
De la ciudadanía funcional a la ciudadanía vinculada
No nacemos para aprobar. Nacemos para crecer. La educación no debería formar individuos funcionales, sino personas disponibles para el encuentro. Atentas a sí mismas y a los demás.
Esto implica cambiar la lógica actual: pasar de una ciudadanía que responde a reglas, a una ciudadanía que se construye en relación. Cuidar no es protegernos de los otros, es aprender a habitar el mundo con ellos.
El desafío: cambiar la pregunta
Tal vez el problema no sea cuánto sabemos, sino cómo nos vinculamos. Cómo enseñamos. Cómo acompañamos. Cómo habitamos la tecnología. Cómo construimos mundos en común.
“Cuidar el pensamiento” no es una metáfora suave. Es una tarea política, ética y profundamente contemporánea. Y quizás hoy, más que nunca, educar sea exactamente eso.
Publicado en Instagram el 24 de febrero de 2026
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