Inteligencia artificial: siempre hubo

A partir de las ideas de Pablo “Manolo” Rodríguez

No hay un “afuera” de la técnica. Pensar la inteligencia artificial es pensar qué tipo de humanidad queremos construir con ella. Reflexiones a partir de la entrevista en Clásica y viral

Siempre existió la inteligencia artificial

Solemos pensar la inteligencia artificial como algo reciente, asociado a algoritmos, grandes bases de datos o herramientas como ChatGPT. Pero Manolo propone una mirada más amplia.

Desde que el ser humano fabrica herramientas, está creando extensiones de su propia inteligencia: tallar una piedra, inventar un molino o escribir un libro ya implicaba externalizar capacidades mentales en objetos técnicos.

Nuestra mente nunca estuvo aislada: siempre se expandió en artefactos.

Vivimos dentro del artificio

Las plataformas digitales no sólo nos muestran información. También nos observan, nos clasifican y construyen perfiles sobre nosotros. A partir de datos, predicen comportamientos: qué vamos a comprar, qué vamos a mirar, incluso qué podríamos pensar.

Pero ese perfil no es la persona. Entre los datos y la vida hay un espacio social y político donde se juega la libertad. Comprender esa distancia es clave para pensar críticamente la inteligencia artificial.

Entre los datos y la vida hay un espacio social y político donde se juega la libertad.

La información como problema

Para Manolo, pensar la inteligencia artificial exige entender qué es la información.

El matemático Norbert Wiener la definía como la “medida de organización de los seres”. La información no es materia ni energía, pero estructura la realidad. La vida produce información y, al mismo tiempo, la información organiza la vida. Por eso la inteligencia artificial no es un fenómeno externo a lo humano: forma parte de la relación profunda entre técnica y existencia.

De la técnica al poder

La filosofía también se preguntó por esto mucho antes de los algoritmos. Martin Heidegger veía en la técnica moderna una fuerza capaz de transformar el modo en que habitamos el mundo. Hace algo más que producir objetos, organiza la realidad.

Hoy los algoritmos continúan ese proceso: clasifican, ordenan, priorizan, recomiendan. No sólo ejecutan decisiones, ayudan a producirlas. Comprender ese poder es fundamental para pensar la política de la tecnología.

Lo que se repite en la historia

Cada gran salto tecnológico nos enfrenta a un dilema similar. La energía nuclear liberó una potencia enorme que luego fue difícil de controlar. La biotecnología permitió manipular la vida misma. La inteligencia artificial abre una pregunta parecida: creamos sistemas que aprenden y evolucionan por sí mismos. La cuestión no es si se volverán incontrolables, sino cómo decidimos usar ese poder.

La cuestión no es si se volverán incontrolables, sino cómo decidimos usar ese poder.

Lo humano y lo técnico

Pensar que la tecnología nos domina completamente es, para Manolo, una forma de renunciar a nuestra propia responsabilidad.

No existe un “afuera” de la técnica. Vivimos dentro de un mundo construido por artefactos, códigos y dispositivos. Pero eso no significa que estemos condenados por ellos. El desafío es aprender a comprenderlos, intervenir en ellos y transformarlo

Crítica al humanismo

El humanismo clásico imaginó al ser humano como el centro del mundo, separado de la técnica, del ambiente y de los otros. Ese “humano universal” casi siempre tuvo un rostro muy particular: varón, blanco y occidental. Muchas experiencias, culturas y formas de vida quedaron fuera de esa definición.

Pensar críticamente la técnica hoy también exige revisar esa idea de lo humano. No somos solamente biología ni individuos aislados. Somos relación, historia, memoria, herramientas y cuidados. Por eso, el desafío no es “superar lo humano” en nombre de la tecnología, sino construir una humanidad más amplia: una que deje de excluir lo distinto.

El desafío no es “superar lo humano” en nombre de la tecnología, sino construir una humanidad más amplia: una que deje de excluir lo distinto.

Resonancia final

La inteligencia artificial no empezó con Google ni con ChatGPT. Empezó cuando los humanos comenzaron a inventar herramientas para pensar, recordar, calcular y crear. Cada generación produce nuevas extensiones de su inteligencia.

La pregunta no es si la inteligencia artificial nos hará menos humanos. La pregunta es qué tipo de humanidad estamos construyendo con ella.

 

Publicado en Instagram el 8 de octubre de 2025
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