
El bucle de la IA
A partir de las ideas de Yuk Hui
Mirar sólo hacia atrás es nostalgia y hacerlo sólo hacia adelante, ingenuidad ¿Cómo convivir con las máquinas artificiales? Reflexiones desde Recursividad y contingencia (2022), Fragmentar el futuro (2020) y “El ChatGPT o la escatología de las máquinas” (2023)
Un mito rodea la IA: creemos que “progresa”, “innova” o “crea”. Pero casi nada de eso ocurre como imaginamos. La IA no avanza, gira. No inventa desde cero, combina y repite. No produce el futuro, reutiliza el pasado. El verdadero poder no es imaginación artificial, Yuk Hui lo llama recursividad. Y ahí empieza la discusión.
Hui plantea que mirar sólo atrás es nostalgia y sólo adelante, ingenuidad; y la recursividad muestra por qué. La IA funciona en ciclos donde cada salida vuelve a entrar. Lo que se produce hoy condiciona lo que producirá mañana. No avanza en línea recta: gira. Ese movimiento define el intervalo donde vivimos. Un intervalo que la IA acelera.
La IA funciona como un instrumento de observación. Y como todo instrumento, tiene sesgos humanos y maquínicos. No mira el mundo de forma neutra: amplifica patrones, desigualdades y jerarquías ya existentes. Clasifica, ordena y refuerza lo que encuentra. Sus sesgos permiten ver con claridad otros sesgos históricos que ya estaban ahí. La recursividad no sólo recicla información, también recicla desigualdad.
Cómo funciona el bucle en la práctica
La IA se entrena con datos humanos. Después genera contenidos que usamos, compartimos o imitamos. Esos nuevos datos regresan a la IA como entrenamiento. La máquina aprende de nosotros, y nosotros de lo que la máquina nos devolvió. Un círculo que se acelera y que moldea la sensibilidad social.
Para Hui, la recursividad es un rasgo importante porque convierte a la IA en algo más que una herramienta. Es un sistema que se modifica con nuestras acciones y que, al mismo tiempo, modifica cómo pensamos, actuamos y decidimos. La técnica deja de ser un instrumento y se vuelve coautora de nuestras formas de vida.
Se suele decir que la IA “inventa” imágenes, textos o ideas nuevas. La creatividad y la novedad participan de la faceta mítica de la IA. Pero Hui explica que la novedad es aparente. La IA combina patrones del pasado en ciclos cada vez más rápidos. La creatividad no surge de la máquina, surge del bucle entre nuestros datos y sus respuestas. Lo que parece nuevo es recombinación recursiva.
Fragmentar el futuro: el riesgo del círculo cerrado
Si este ciclo no se orienta, la IA tiende a cerrar futuros. Repite patrones, refuerza hábitos, anticipa conductas y las estabiliza. El futuro deja de abrirse y se convierte en un reciclaje del pasado. Hui advierte que el trabajo político es abrir el bucle, no dejar que se autopropague sin criterio.
Hui habla de la “escatología de las máquinas” y problematiza el momento en que la técnica se vuelve tan totalizante que parece inevitable. No hay explosión. Hay estrechamiento. La recursividad crea un mundo donde lo probable reemplaza lo posible. Cuando sentimos que “no hay otros caminos”, el bucle ya se cerró.
Entender la recursividad es un punto clave para cambiar la discusión: la pregunta no es si la IA piensa, sino quien orienta el ciclo que la hace aprender. La recursividad no es un detalle técnico, es el motor que d efine qué aparece, qué se oculta y qué mundos quedan disponibles. Entenderlo es empezar a habitar ese intervalo con mayor lucidez.
El error: creer que la IA nos lleva hacia adelante
Pensemos la IA como una tecnología futurista, pero su lógica central mira hacia atrás. Aprende del pasado y lo proyecta sobre lo que viene. El riesgo no es la inteligencia artificial, sino la repetición artificial. Si no abrimos el bucle, el futuro no se inventa, se recicla.
Publicado en Instagram el 1 de diciembre de 2025
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