Colonialismo digital

La disputa por el poder en la era de los datos

Para Cecilia Rikap, el problema no es técnico: es una cuestión de soberanía y poder democrático.

A partir de su libro Teoría de la dependencia digital.

 

La tecnología suele presentarse como progreso: innovación, eficiencia, futuro. Pero esa narrativa deja afuera una pregunta clave: ¿quién controla lo que hoy organiza nuestras vidas?

Para la economista Cecilia Rikap, el problema no es simplemente tecnológico, es político y tiene que ver con una nueva forma de dependencia.

Un monopolio que no se ve

El poder ya no pasa solo por controlar mercados. Pasa por controlar el conocimiento.

Rikap lo llama “monopolio intelectual”: grandes empresas que capturan datos, ciencia, marcas y saber colectivo para convertirlos en renta privada. No es solo concentración económica, es apropiación de capacidades sociales.

Estados dependientes

Esa concentración no afecta solo a usuarios, sino también a los Estados. Gobiernos que gestionan salud, educación o seguridad dependen de tecnologías que no controlan. Infraestructuras críticas —datos, software, servicios— quedan en manos privadas.

El resultado: estados que pierden autonomía y pasan a funcionar como clientes cautivos de corporaciones tecnológicas. Ahí aparece el problema democrático.

Digitalizar no es democratizar

Hay una idea instalada: más tecnología implica más democracia. Rikap la discute de raíz.

Que millones usen una plataforma no la vuelve democrática, sólo la vuelve masiva. Democratizar sería otra cosa: decidir colectivamente qué tecnologías queremos, para qué fines y bajo qué reglas. Hoy, esas decisiones no pasan por la sociedad ni por los Estados. Pasan por directorios corporativos.

La nube no es abstracta

La economía digital suele imaginarse como algo etéreo. Pero no lo es. Detrás de “la nube” hay infraestructuras concretas:

  • centros de datos
  • consumo intensivo de energía y agua
  • ocupación de territorios

Y, al mismo tiempo:

  • poco empleo local
  • escasa transferencia tecnológica

Rikap lo define como “extractivismo gemelo”: extracción de datos y de recursos naturales. La digitalización no elimina lo material, lo reorganiza.

Colonialismo digital

Ahí aparece la idea central. La inteligencia artificial se presenta como una oportunidad global pero funciona bajo una lógica desigual: la periferia produce datos y conocimiento que los gigantes tecnológicos transforman en renta

Las reglas no se definen localmente. Se imponen desde los centros de poder tecnológico. Sin soberanía sobre datos, infraestructura y conocimiento, la IA no es desarrollo. Es dependencia.

La disputa real

La discusión suele plantearse mal. No es “tecnología sí o no”. Ni siquiera “regular más o menos”. La pregunta de fondo es otra: ¿quién controla los sistemas que organizan la vida social? Porque esas tecnologías no solo median actividades. Moldean cómo trabajamos, pensamos y construimos sentido. Disputarlas es disputar la democracia.

Cambiar el enfoque

Hablar de colonialismo digital es nombrar una relación de poder. Una donde pocos actores concentran la capacidad de decidir sobre infraestructuras, datos y conocimiento que son colectivos. Y donde muchos —Estados y sociedades— quedan en posición de dependencia. Por eso, la discusión no puede ser solo técnica, tiene que ser política.

Una pregunta abierta

Si la tecnología organiza la vida en común, ¿por qué su diseño y control quedarían en manos de unos pocos?

Pensar la digitalización desde la soberanía no implica rechazar la tecnología. Implica poder decidir sobre ella. Y eso —como señala Rikap— es, en última instancia, una cuestión democrática.

 

Publicado en Instagram el 14 de abril de 2026
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